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Can Gasparó Hotel Rural & Restaurant

Carrer Can Gasparó, s/n. Veïnat de l'Aspre. 17535 - Planoles (Girona)

Cataluña - España.

972.73.60.77 / 722.22.09.40

info@gasparo.cat

Ernst Hemingway

(1899-1961)

Hemingway es el escritor más conocido de entre los que dan nombre a las habitaciones de Can Gasparó. Su gran amor a la Naturaleza, así como las maravillosas descripciones que de ella hace, nos impulsaron a tal elección.

Ernest, desde su niñez más tierna, pasó largas temporadas en la cabaña que su padre poseía al borde del lago Wallons en Michigan. Allá, la mayoría de las veces en solitario, remando al lago, paseando entre riachuelos salvajes, pescando, observando el bosque de abetos… aprendió a amar la Naturaleza y a luchar apasionadamente por la vida; mantuvo ambas convicciones hasta el final de sus días.

La pasión por la pesca, extraer una cosa pura de la Naturaleza, fue una constante durante toda su existencia. Primero fueron las truchas de los ríos de Michigan, después las del Roine o el Irati navarro y finalmente los tiburones y peces espada de todo el mundo, especialmente los de su estimado Caribe. Su devoción hizo que en 1935 una nueva especie de pescado hasta entonces desconocida, sería bautizada por los científicos como “Neomarinthe Hemingway”.

El mismo amor tuvo por la caza. Su atracción por los animales fue en parte causada por las lecturas sobre fauna salvaje que uno de sus tíos le prodigaba cuando apenas contaba con tres años; la leyenda nos indica que Hemingway era capaz de reconocer todas las especies de pájaros de América. A los vencejos que cazaba apenas con doce años, siguieron las codornices y finalmente toda suerte de caza mayor en su estimada África.

La triple relación: Naturaleza-pesca-caza forjó su carácter y su capacidad de lucha para sobrevivir. Uno de sus temas favoritos a lo largo de la vida fue su sentido trágico de la vida, la necesidad de luchar hasta el límite, de no rendirse nunca. Este es en el fondo, el tema principal de su obra más importante: “El viejo y el mar” e igualmente puede traslluir-se en uno de sus artículos periodísticos más famosos: “El toreo no es un deporte sino una tragedia”.

Hemingway fue un gran viajero, pero pueden distinguirse en él dos tipos de viaje. Los que hizo siguiendo los tres conflictos bélicos en qué participó, y los que lo traían de forma recurrente a aquellos lugares a que se sentía especialmente unido. Ernest consideraba que para viajar realmente hace falta llegar a formar parte del paisaje y de las relaciones interpersonales del lugar que se visita, y esto es el que lo precisamente hizo a cada uno de estos lugares “especiales” hasta el último día de su vida.

Sus obras reflejan los lugares que conoció. Encontramos las montañas de su niñez en obras como “Torrents of Spring”. Las costas de Key West y Cuba, y las personas que allá conoció quedan reflejadas a “Tener y no tener” o “El viejo y el mar”. El París de su juventud es el escenario de una de sus obras póstumas: “Paris era una fiesta” la que para muchos es la obra más importante sobre la “generación perdida” de escritores americanos que vivieron la primera guerra mundial. La leyenda atribuye a Hemingway y a un pequeño grupo de acompañantes haber sido los primeros a entrar al París liberado después del desembarco de Normandía.

España fue en cierta medida su país de adopción, en el cual pasó largos periodos de tiempos y en el cual se relacionó con los principales artistas de la época como Pablo Picasso. Su integración en el mundo del toreo fue tan importando que su obra “Muerto en la tarde”s e considera un manual de tauromaquia. Su amistad con diversos diestros y en especial con Ordóñez fue memorable. Estas experiencias fueron decisivas en la que fue su primero gran éxito mundial: “Fiesta”, también conocida con el nombre más apropiado de “The Sun also Rises” en la que describe unas escenas de pesca al río Irati, de una fuerza narrativa pocas veces lograda. Participó como corresponsal en la Guerra civil española y de esto surgió otra de sus obras más importantes: ” Por quien doblan las campanas”.

Finalmente, África. No todo el continente, sino la zona de sabanas cercanas al Kilimanjaro. Allá Ernest realizó sus mejores cacerías. Allá describió con una fuerza todavía no superada, y un estilo por muy injuriado, pleno de preposiciones y con pocos adjetivos, una África en pleno proceso de cambio. En sus últimos años, Hemingway se consideraba a si mismo un “MZEE”, un guerrero africano, ya viejo pero que por sus méritos y su especial condición fisica continúa ostentando el privilegio de ser un guerrero de su tribu (nosotros también queremos ser MZEES) Sus mejores obras relacionadas con África son “ Green Hills of Africa” en la que describe las experiencias de un safari real que hizo junto con su esposa, y “Las nieves del kilimanjaro” donde mezcla leyendas ancestrales con un paisaje único al continente.

Por cierto, están ustedes en la habitación Hemingway; por favor miren por la ventana, da al sudeste; a su izquierda pueden ver una montaña triangular, usualmente cubierta de nieve de noviembre a abril. Es una montaña para muchos mágica; su perfil nos recuerda el Kilimanjaro de Hemingway. Le sugerimos disfrute de la visión de la montaña y que aproveche su estancia con nosotros para estimar y vivir intensamente la Naturaleza, del mismo modo en qué Hemingway la disfrutó.