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Can Gasparó Hotel Rural & Restaurant

Carrer Can Gasparó, s/n. Veïnat de l'Aspre. 17535 - Planoles (Girona)

Cataluña - España.

972.73.60.77 / 722.22.09.40

info@gasparo.cat

François de Chateaubriand

(1768 - 1848)

 

Aristócrata normando del cual se puede destacar que vivió tres etapas muy diferentes a lo largo de su vida; sucesivamente fue soldado, literato y político. Su vida como soldado no es relevante y de su etapa como político tan sólo queremos destacar que vivió la Revolución francesa (fue espectador “in situ” de la toma de la Bastilla), el Imperio de Napoleón (que lo hizo cónsul a Roma) y la Restauración (en la cual llegó a ser ministro de Asuntos Exteriores).


Viajó a la incipiente República de los Estados Unidos, donde ejerció en cierta forma de naturalista. El contacto con las revoluciones francesa y norteamericana lo hicieron partidario de transformar la monarquía absolutista en monarquía constitucional; se le atribuye la frase “el rey reina pero no gobierna”. Aun así, en su etapa de ministro fue el responsable de la invasión de España por el ejército de los “Cien mil hijos de Sant Luis” que atravesó la frontera cerca de donde se encuentra Can Gasparó, para ayudar al rey de España Fernando VII que, lejos de evolucionar hacia una monarquía constitucional, restableció el poder absoluto y acabó así con la incipiente democracia nacida de las Cortes de Cádiz. De hecho, este error de Chateaubriand fue el final de su carrera política.

Como escritor publicó varios libros, pero sólo merecen destacarse sus “Memorias de Ultratumba” llamadas así porque no tenían que ser editadas hasta después de su muerte. Muchos consideramos que este libro es el reflejo del final de la época de la aristocracia y la monarquía absoluta, de forma similar a cómo don Quijote se asoció al final de la Edad Media. La obra es un análisis detallado de la vida de su época con especial énfasis en los aspectos políticos; su lectura permite establecer unos paralelismos muy interesantes con la etapa actual. Tiene especial valor, puesto que no se trata de un libro moderno que analiza aquella época con ojos actuales, sino que el análisis y la escritura son contemporáneos del periodo estudiado, lo cual sin duda da más valor a las conclusiones comparativas que podamos establecer.


Todas las habitaciones de Can Gasparó traen nombres de escritores asociados a la Naturaleza. Chateaubriand además de las descripciones naturalistas de sus viajes (no excesivamente interesantes) está aquí por dos aspectos emocionales y una anécdota relacionada con el medio ambiente.

Chateaubriand asoció los paisajes que lo acompañaron a lo largo de las diversas etapas de su vida (especialmente la de Saint-Maló de su niñez) a las emociones que experimentó en cada momento. Estableció una fuerte relación de melancolía con la relación “paisaje-tiempo”. Veamos un ejemplo: “La Butaca (muelle que une el peñasco de Saint-Maló con tierra firme) es azotado por un lado por la plenamar, por otro la lava del oleaje que da un rodeo para entrar al puerto. Durante las horas de reflujo, el puerto queda en seco y, a los bordes este y norte, se descubre una playa de la arena más fina. Es posible entonces rodear andando mi nido paterno. Al lado y en la lejanía, hay diseminados peñascos, fuertes islotes deshabitados, como lo Grand-Bré, donde será mi tumba; había elegido bien sin saberlo: bre, en bretón, significa “tumba”.

El otro aspecto emocional a destacar es el que eligió una casa de campo escondida entre cerros cubiertos de bosques para dedicarse a escribir. En ella decidió plantar árboles que le recordaran los parajes en los cuales había vivido a lo largo de su vida “Los árboles que he plantado prosperan, son tan pequeños que todavía los doy sombra cuando me interpongo entre ellos y el Sol. Un día me devolverán esta sombra y protegerán los años de mi vejez como yo he protegido su juventud. Los he elegido en la medida posible, de cuántos climas he recorrido; me recuerdan mis viajes y alimentan en el fondo de mi corazón otros ilusiones”. Nosotros hemos hecho algo similar a Can Gasparó, trayendo con nosotros objetos y plantas que nos  han acompañado a lo largo de la vida, destacan unos helechos de más de cincuenta años que han pasado por las casas de Cerdanyola, les Corts, Sant Just y ahora Can Gasparó.

La anécdota a que nos hemos referido se produjo durante su primer viaje en Inglaterra, huyendo de la persecución política de 1792. Quedó profundamente impresionado por las nubes de humo negro y contaminación que envolvían la ciudad. Chateaubriand lo consideró no un símbolo de progreso como muchas personas de la época, sino como lo que era: una degradación del medio ambiente y la salud de las personas (estos problemas de contaminación atmosférica de Londres no se reconocieron como tales hasta el 1955).

Una última observación: las ventanas son la vía de comunicación entre las habitaciones y el exterior. Mirar a través de ellas nos permite a veces tener otra visión de la vida. Tal cosa le ocurrió a Chateaubriand cuando en el último párrafo de las “Memorias de Ultratumba” describe: “mi ventana, que da a poniente sobre los jardines de las Misiones Extranjeras, está abierta. Son las seis de la mañana; veo la luna pálida y dilatada descender sobre la flecha de Lés Invalides, iluminada por el primer rayo de solo; se diría que el antiguo mundo acaba y que empieza el nuevo”.

Le sugerimos que mire a través de la ventana de esta habitación y observe los fresnos (que eran el antiguo pararrayos de la casa) el jardín, las plantas aromáticas, el sendero de largo recorrido entre vallas, el viejo cerezo gigante, los aljibes llenos de vida, su propio coche que tiene que estar aparcado detrás de los manzanos de variedades antiguas procedentes del sur de Francia.

Quizás empieza una nueva vida.